5 de abril de 2019
Hoy hace un año, justo un año de aquella escena. Hace un año, me vestía de rojo amapola con unos tacones de 15 centímetros para subirme al centro del escenario del Auditorio de “El Lienzo Norte” para leer aquel maravilloso pregón con el que daba, por un lado, el inicio de las fiestas escolares de mi instituto, y, por otro lado, el término de mi etapa de estudiante de bachillerato. He de decir que no me esperaba hacer ese bachillerato en aquel instituto, pero un año más tarde, no me arrepiento de la elección. Gracias a ese instituto, hoy tengo forjado al mejor grupo de amigas que jamás podáis imaginar. Y una de ellas, mi compañera, cuyo corazón se divide entre Ávila y Sevilla, la conocí allí. Las demás ya veníamos forjadas del antiguo instituto que nos vio crecer. Hoy vengo a escribir aquel pregón, aquella lectura en medio de 600 ojos a la que subí, con más nervios de si me caía por la altura de los tacones que por leer, y que marcó un antes y un después en mi etapa como estudiant...