Son las carne y hueso y queda media hora para llegar al pescuezo
Hoy es ese día, esa noche, ese momento en el que te apetece de todo menos estar escribiendo.
Hoy es ese día negro, en el que no se ve nada. Solo una sombra andando de un lado hacia otro, quizá con un objetivo, quizá sin rumbo.
Hace mucho comenté una historia, y la dejé en un continuará. Y continuó como yo quise que continuara, de su mano. No sabéis las maniobras que tuve que hacer, la retórica que tuve que utilizar, sacar la sofista que llevo dentro, a veces no es fácil.
Cuando tienes una persona que te araña una coraza que has tardado en construir, quizá sea la persona adecuada para iniciar algo. Y eso es precisamente lo que me pasa contigo.
Esas rayadas intermitentes e interminables que me quitan las horas de sueño. Esa búsqueda de un punto intermedio para satisfacer a las dos partes de una relación. Ese primer vagón de una montaña rusa que sube y baja a una velocidad incalculable. Esas experiencias que hemos vivido y esas muchas que aún nos quedan por vivir. Ese nosotros que forjamos día a día.
Quizá hablar del amor, es hablar de nosotros. De una relación con sus más y sus menos, afortunadamente con más más que con más menos. Quizá hablar del amor sea presentarse en una ciudad con treinta y nueve de fiebre; o quizá sea presentarse en otra ciudad para pasar una noche con la persona que desearías despertar todos los días de tu vida. Sea lo que sea, yo sé que es contigo con quien lo quiero tener.
Padre de una familia numerosa, persona que se ata el último botón de la camisa de cuadros, amor incalculable a unos kilómetros de distancia. ¿Qué si estamos locos? Como unas putas cabras, pero ¿Qué más da? ¿Nos habéis visto con el móvil estando juntos? No. Imposible. Si nuestras bocas se separan solo para mordernos o para picarnos o para establecer una conversación de más de tres horas. ¿Cómo vamos a estar con el móvil si el mayor reflejo es verme reflejada en sus pequeños ojos? Nunca vi unos ojos tan pequeños con tanta luz propia que, a veces, ciega.
Y sí amigos, otra vez escribo porque me hallo en un mar de lágrimas día a día, porque las noches son muy largas. Y sus rayadas también, y sí hoy también voy a acabar con Continuará...
Hoy es ese día negro, en el que no se ve nada. Solo una sombra andando de un lado hacia otro, quizá con un objetivo, quizá sin rumbo.
Hace mucho comenté una historia, y la dejé en un continuará. Y continuó como yo quise que continuara, de su mano. No sabéis las maniobras que tuve que hacer, la retórica que tuve que utilizar, sacar la sofista que llevo dentro, a veces no es fácil.
Cuando tienes una persona que te araña una coraza que has tardado en construir, quizá sea la persona adecuada para iniciar algo. Y eso es precisamente lo que me pasa contigo.
Esas rayadas intermitentes e interminables que me quitan las horas de sueño. Esa búsqueda de un punto intermedio para satisfacer a las dos partes de una relación. Ese primer vagón de una montaña rusa que sube y baja a una velocidad incalculable. Esas experiencias que hemos vivido y esas muchas que aún nos quedan por vivir. Ese nosotros que forjamos día a día.
Quizá hablar del amor, es hablar de nosotros. De una relación con sus más y sus menos, afortunadamente con más más que con más menos. Quizá hablar del amor sea presentarse en una ciudad con treinta y nueve de fiebre; o quizá sea presentarse en otra ciudad para pasar una noche con la persona que desearías despertar todos los días de tu vida. Sea lo que sea, yo sé que es contigo con quien lo quiero tener.
Padre de una familia numerosa, persona que se ata el último botón de la camisa de cuadros, amor incalculable a unos kilómetros de distancia. ¿Qué si estamos locos? Como unas putas cabras, pero ¿Qué más da? ¿Nos habéis visto con el móvil estando juntos? No. Imposible. Si nuestras bocas se separan solo para mordernos o para picarnos o para establecer una conversación de más de tres horas. ¿Cómo vamos a estar con el móvil si el mayor reflejo es verme reflejada en sus pequeños ojos? Nunca vi unos ojos tan pequeños con tanta luz propia que, a veces, ciega.
Y sí amigos, otra vez escribo porque me hallo en un mar de lágrimas día a día, porque las noches son muy largas. Y sus rayadas también, y sí hoy también voy a acabar con Continuará...