5 de abril de 2019
Hoy hace un año, justo un año de aquella escena. Hace un
año, me vestía de rojo amapola con unos tacones de 15 centímetros para subirme
al centro del escenario del Auditorio de “El Lienzo Norte” para leer aquel maravilloso
pregón con el que daba, por un lado, el inicio de las fiestas escolares de mi
instituto, y, por otro lado, el término de mi etapa de estudiante de bachillerato.
He de decir que no me esperaba hacer ese bachillerato en
aquel instituto, pero un año más tarde, no me arrepiento de la elección. Gracias
a ese instituto, hoy tengo forjado al mejor grupo de amigas que jamás podáis
imaginar. Y una de ellas, mi compañera, cuyo corazón se divide entre Ávila y
Sevilla, la conocí allí. Las demás ya veníamos forjadas del antiguo instituto
que nos vio crecer.
Hoy vengo a escribir aquel pregón, aquella lectura en medio de
600 ojos a la que subí, con más nervios de si me caía por la altura de los
tacones que por leer, y que marcó un antes y un después en mi etapa como
estudiante:
<<Buenas tardes a todos: padres, madres, profesores y
compañeros. Estamos hoy aquí reunidos para dar el inicio a las fiestas de nuestro
instituto. Fiestas en las que esperamos que todos participéis ya que para
nosotros será la última vez que las vivamos.
Dicen que uno de los mejores discursos fue pronunciado por
Salvador Dalí cuando dijo “voy a ser tan breve que ya he terminado”. Quizás eso
nos hubiera gustado hacer hoy, pero es en días tan memorables cuando nuestra
experiencia y sentimiento hablan más que nunca. Resulta, sin embargo, difícil
expresar los sentimientos que hoy llevamos dentro. Una mezcla de alegría y
orgullo; melancolía y satisfacción. Hoy llegamos al final de un viaje, al desenlace
de una historia que comenzó años atrás. La historia que acaba no es la de
nuestro aprendizaje, pues éste inevitablemente seguirá. La que termina, es la historia
de nuestro paso por el instituto. Una historia de agradecimiento en la que
hemos recibido quizás más de lo que hemos dado.
Por ello dar gracias a todos
aquellos que han participado en este viaje, a todos aquellos que han
contribuido a ser hoy, lo que somos.
En primer lugar, gracias a los padres. Por vuestro apoyo
incondicional y por vuestra empatía. Por estar en los momentos difíciles y
ayudar sin pedir nada a cambio. Vosotros sois el espejo en el que nos
reflejamos cada día, gracias al cual crecemos y maduramos como personas. Porque
dentro de unos años antes que filólogos, abogados, médicos, ingenieros y un
largo etcétera. Antes que todo eso, seremos personas. Y el triunfo de nuestra
vida, la verdadera felicidad, vendrá de como nos habéis enseñado de no hacer lo
que uno quiere sino de querer lo que uno hace.
Gracias, en segundo lugar, a los profesores, por
facilitarnos el camino y prepararnos para un futuro cada vez más cercano.
Vosotros sois el pilar en el que se sustenta nuestra educación. Habéis
despertado nuestra curiosidad y nos habéis enseñado que el estudio, no debe ser
una obligación, sino una vibración interior para penetrar en el amplio y
maravilloso mundo del saber. Como dice el refrán “el excelente maestro, es
aquel que, enseñando poco hace nacer en el alumno un deseo exorbitante de
aprender”. También vosotros nos habéis dejado anécdotas para el recuerdo. De
Rosa, su célebre contestación “la ignorancia es muy osada” siempre que alguien
le pregunta el uso del latín, de Chuchi su facilidad para recitar poemas y
hacerte partícipe de él, de Arsenia su tranquilidad para corregir exámenes…
Tampoco olvidar a otros profesores que nos han ayudado a llegar hasta aquí:
Santi, Laura, las fábulas de Esopo con Eva, Ana Belén y la tutoría de Primero
de bachillerato “E”…
Gracias también a vosotros alumnos y compañeros, por ser los
copilotos perfectos en esta travesía. Si hoy estamos aquí es porque hemos trabajado
y constancia superando cada retos y obstáculos a los que nos hemos enfrentado,
aunque aún nos queda alguna semana dura.
Gracias por último a este instituto, que desde que llegué, con
muchas dudas si había tomado la decisión más adecuada al cambiar de centro, me
abrió las puertas de manera inmejorable. Al principio, me parecía imponente,
pero hoy forma parte de mi vida. Es este un instituto que nos lo ha dado toso y
esperamos haberle correspondido.
Y ahora compañeros, nos espera un futuro ilusionante pero
también aterrador. Porque somos personas y como tales, tenemos miedo. Miedo a salir
de nuestra burbuja y descubrir que somos más inseguros de lo que pensábamos. Miedo
a salir de nuestro camino en el que siempre hemos transitado. Miedo a fracasar,
a no destacar. Miedo a pasar desapercibidos en un mundo en el que la norma es
hacerlo.
Pero antes de todo ese futuro, unas últimas cuestas la semana
de mayo y la Ebau. Lo que hace siete meses nos parecía tan lejano, hoy forma
parte de una realidad cercana. Y quizás sea esa la entrada hacia una nueva
vida, pero también el punto exacto en el que nuestros caminos comenzarán a
bifurcarse. Las posibilidades que se nos presentan son infinitas. Pero no por
ello debemos ser capaces de elegir lo correcto. Porque somos jóvenes y estamos
a tiempo de equivocarnos, errar y volver a equivocarnos. A tiempo de tropezar
con la piedra incorrecta o de extraviarnos y ser incapaces de retomar el rumbo.
La vida es el conjunto de caminos que uno decide transitar.
Pero no por ello debemos dejar de emprender o de tomar riesgos, porque tal y
como dijo Thomas Stearn Eliot, poeta y dramaturgo estadounidense, “solo
aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos, pueden descubrir hasta dónde
pueden llegar”.
Muchas gracias >>