II

Besas cada miedo que se escapa de mis labios,
y conviertes tu risa,
en mi mejor ansiolítico.

Te vuelves brisa,
desapareces,
y me envuelves entre tus brazos.

Amas mis versos libres,
mi falta de lírica,
el que deje de dar importancia a las rimas.

Y aceptas que soy poeta,
vagabunda y traicionera,
y que a veces te abandono entre mis letras.

Y dejo de sentirme tornado,
mar enfurecido,
sangre derramada sobre un libro.

Me besas los miedos,
y grito que mis días de reconstrucción,
tienen algo de sentido.

Y para colmo vas tu,
y conviertes tu risa,
en mi mejor ansiolítico.

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