MI VERANO TRAS EL ZIMBALI

Se van acabando las vacaciones de verano…. De hecho, a muchos se les acabó ya teniendo que volver a sus respectivos trabajos, a la universidad,  al colegio…. En fin, todo lo bueno no dura eterno. Septiembre, ya está aquí, el mes que personalmente más odio, ha llegado, ese mes en el que recuperas la palabra tan repelente llamada “ rutina “, ese mes en el que te despiertas sabiendo lo que vas a hacer entre semana, al contrario que pasa en verano cuando el tiempo es tuyo y te levantas preguntando qué hacer, sabiendo que puedes hacer lo que quieras. “ Rutina “ … que palabra más fea, ¿ no ? repetir lo que has hecho el día anterior de lunes a viernes, levantarte decaída y siempre a la misma hora porque tienes que ir a clase, sabes que te toca estudiar y hacer tareas que en vacaciones olvidas completamente.

Pero antes de que empiece con mi rutina a mi aún me queda una semana de “vacaciones”, sí, digo “vacaciones” porque yo hace un mes que entré en la rutina del fútbol, en la odiosa pretemporada, esa parte en la que físicamente te explotan pero de balón escaseas; esa parte que cuando llegas a casa lo primero que haces es tomarte agua con azúcar del cansancio que tienes y esa parte que te quita tiempo libre para dedicarte única y exclusivamente a prepararte y este año, con un objetivo en mente : volver a segunda división nacional femenina.

Como ya he escrito mi estancia en el zimbali me queda por escribir lo que hice después…
A finales del mes de julio, concretamente el día 31 me vino a visitar un chico del hotel y me lo pasé en grande con él.

Del uno al once de agosto estuve incomunicada, ya que me fui de campamento a Isla Zuathza, Álava. Dicho campamento trataba sobre deportes náuticos y los tres primeros días fue un completo aburrimiento. Fue a partir del cuarto, ( viaje a San Sebastián ) cuando empecé a disfrutar de este campamento. Estuve pensando mucho en el día 31 de julio y claro estaba echando de menos el 31 y era como si tuviera una venda en los ojos que no me permití ver y disfrutar todo lo que me hubiera gustado.

Allí gracias a la carencia del móvil, pude reflexionar sobre todo lo que sentía, pude olvidarme de todo y pude conocer a gente con la que a día de hoy sigo manteniendo contacto, especialmente con dos chavales que considero amigos a pesar que son uno de A Coruña y el otro de Melilla, sabiendo que la vida es un pañuelo sé que les volveré a ver tarde o temprano.

Fue un campamento distinto al resto de los que había estado, creo que no lo repetiría ni lo aconsejaría pero sí que es cierto que las salidas merecieron mucho la pena. La primera porque, como ya he dicho, marcó un antes y un después en el campamento y la segunda ( a Vitoria ) porque pude volver a ver a mi compañera y amiga de toboganes del hotel en el que estuve en julio.

Por otro lado, en el campamento hice muy buenas migas con tres monitores especialmente: Alazne, una chica que me ayudó cuando me vio lo mal que lo estaba pasando y que ha sido, sin dudarlo, la mejor monitora que he tenido en los años que llevo de campamento. Un chico Joanes, que me daba muchísimos abrazos y me llamaba “ mimosa ”, porque se ve que me entendía cuando los necesitaba y, por último pero no menos importante David Moro, que era con el que más me reía por las caras que ponía. Además, él siempre me acompañaba al médico y le contaba lo que me parecía y siempre me decía “ estás como un cesto ” o “ no he visto a niña más loca que tú” ….

El día 10 por la noche mini fiesta y el once se cierra otro capítulo de mi libro del verano de 2016 volviendo a Ávila, que había ganas de ponerse al día.

Nada más llegar mi madre, me dice que qué me voy a llevar a Asturias, total que después de cinco o seis horas de viaje de autobús, el día doce descansé en mi casa y el trece cogimos el coche para hacernos otras casi cinco horas para ir a Asturias con mi amiga tres días.

Allí cuando llegué mi amiga no estaba en su casa, solo estaba el hermano, y a los cinco minutos aparece corriendo una loca a la que hago llamar Hermaniita, con la que iba a pasar más de tres días. El primer día, por la tarde quedamos con otro chico del hotel y al día siguiente por la mañana, con otro chaval también del hotel. El segundo día por la tarde con las amigas de mi Hermaniita y el día 15 después de comer vuelta a casa. Durante mi estancia con mi amiga en Asturias nuestros padres estuvieron planeando una sorpresa la cual me enteraría algo más adelante, pero no tardaría mucho en llegar.

El día 15 volví y el 17 me puse las botas de fútbol, un pantalón corto y la camiseta de entrenar y allí estábamos, en el campo las chicas de la casa con la ilusión de ser un equipo puntero para conseguir volver a dónde estábamos el año pasado, en nacional. Nos dijeron que iban a hacer dos equipos, ¿ la idea ? Hay dos ligas en la primera liga tener un equipo fuerte en el que en más de un partido igual no puedes jugar porque lo importante es ganar y el segundo equipo para ayudar a las del primer equipo al objetivo y en ese equipo sí jugarían todas en todos los partidos. Ese primer día, sin duda fue el peor, a parte del calor, fue un entrenamiento muy, muy duro.

El día 18 volvía a entrenar pero ese día por la mañana sonó el teléfono y me desperté. Oí a mi madre, que habla muy alto, decir: “ tenemos que sacar a Eva los 150€ para que vaya a valecia e invite a Sara y Tino a comer un día ”. Sí, esa era la sorpresa, volvía a ver a mi Hermaniita desde el 19 por la tarde que ella aterrizó en Ávila hasta el 25 que me volvió a dejar en mi ciudad. Total, que mi madre seguía hablando y yo me levanté cogí el móvil y avisé de nuevo al chico de Madrid, el cual, iba a volver a Ávila el 23 que no viniera que no estaba aquí.  Así que esa semana de tres días que entrenábamos, solo pude asistir a los dos primeros. Después, me perdería tres entrenamientos ( viernes, martes y miércoles) y volvería al campo el jueves para poder disputar mi primer partido de pretemporada ese domingo, en el cual di al larguero. Pero eso ya es otra historia, retomemos lo de Valencia que, la verdad, sorpresas así siempre se agradecen.

Tras colgar el teléfono, le digo : ¿ Con qué Valencia con Sara eh ? Seguía con una sensación de no creérmelo. Iba a volver a ver a mi Hermaniita otra vez, el año que más juntas hemos estado: primero en el hotel, Asturias,¡ y ahora Valencia!.

En Valencia fueron días impresionantes, no tenía a mis padres cerca, estaba con un pilar fundamental en mi vida y pude ver dónde ella creció, dónde dio sus primeros pasos, volví a ver el Oceanografic, visitamos Benidorm porque teníamos una amiga allí y nos pasó algo muy curioso:

<<Un día estábamos muy a gusto, comiendo pipas en un parque y había una barrendera. Entonces, ella estaba barriendo y nosotras tirándole cáscaras de pipas al suelo. Al final nos sacó una bolsa para que las tirásemos ahí y se nos puso a hablar como si fuera amiga nuestra desde toda la vida, nos contó su vida personal como si en el plató del Sálvame estuviera, al final nos cayó tan bien que decidimos quedar otro día con ella. Y eso hicimos, la visitamos pasado el fin de semana; nos hicimos varias fotos con ella y ella, nos compró una pulsera.>>

Pero sin duda, lo que más me gustó de Valencia fue Cullera, la playa de Cullera; donde Sara y yo pasábamos las horas dentro del agua, y dónde nos picábamos mucho y yo, por ser algo más bajita, tragaba mucha agua y me comían las olas.

Tras seis días en Valencia, vuelta al entrenamiento de la pretemporada y vuelta a currar para el domingo salir de titular. Y así fue. El domingo, titular y terminé el partido con muy buenas expectativas. Además, seguiré llevando el 6, que para muchos llevar un número u otro igual es insignificante pero, para mí, llevar el 6 es una responsabilidad. Es el número con el que mi ídolo capitanea a su equipo y el número que siempre llevó en el Barça. Pero no todo fue color de rosas, ese día también se iba de nuevo de vacaciones el chico que me iba a venir  a visitar en agosto y que al final no se pudo.

Y cuando parecía que mi verano ya se iba a acabar el día 10 de septiembre recibo otra visita del chico que iba a venir en agosto pero que por circunstancias mías no pudo, de ese mismo que vino el 31.
Aquí se cierra mi verano de 2016, un verano muchísimo mejor que el anterior y sacando en conclusión que después de la tormenta siempre llega la calma. Así como el verano del año pasado fue una catástrofe en varios aspectos, he de decir que este, ha sido el mejor verano de mis 15 años de vida y que solo espero que el del año que viene sea mejor, aunque sé que va a estar complicado superarlo.


Y este un resumen de mi verano, en el que obviamente más de una quedada con mis amigas de aquí, he tenido y en el que he estado compaginando amor, amistad, lectura y mucho fútbol.

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